**FM Fenix**

miércoles, 29 de septiembre de 2010

* Epistolas sabor chocolate *2*





Hay veces que metemos la pata hasta al fondo....
Bueno los habrá prudentes, pero hasta esos se equivocan en algún momento de su vida y ese error salpica a alguien que se siente molesto, dolido, defraudado… Algunas por su carcácter visceral tienen ese pequeño defecto: que les sale el corazón por la boca, para lo bueno y para lo malo. En lo primero todo el mundo encantado, no escatimamos en halagar, en decir cosas bonitas y sentidas, en repartir sonrisas y abrazos. En lo segundo, herimos a veces sin querer, otras, queriendo dar esa coz, bien dada.
Lo terrible es cuando esas personas viscerales además desconocen qué es eso de pedir disculpas. Para algunas su forma de decir, “bueno, me zarpé” es comportándose como si nada, mientras el otro tiene aún el hachazo encima. Otros sin embargo, tienen tal desconocimiento de que se han pasado, que directamente no comprenden que te sientas molesta, “uh te enojas por cualquier boludez”.
Sin embargo, las relaciones humanas, tan llenas de fricciones, necesitan de una palabra mágica: PERDÓN o LO SIENTO. Es como el aceite de la maquinaria, no podemos hacer borrón y cuenta nueva siempre, sin que notemos en el otro apenas un poco de pesar por haber causado daño.
Las palabras pueden ser muy hirientes, pero en ocasiones lo son mucho más los silencios, la gente que no se comunica, que no se pega cuatro voces si hacen falta. Por que después de ese fragor, llega la calma, la reflexión, el pensar “sí, me he pasado”, y llega el acercarte al otro para mostrarle que lo sientes, que necesitas el calor de su sonrisa para sentir que no ha pasado nada.
Creo que el saber pedir perdón tiene mucho que ver con la empatía.

La capacidad de ponerte en el lugar del otro te aclara definitivamente que esa actuación no ha sido justa, que tus palabras no han sido medidas, porque a ti te hubieran herido igual o porque comprendes que esa persona se sienta molesta.
Volvemos a la comunicación, a explicar, a escuchar, a ponerte en el “lugar de”, a no sentirte en posesión de la verdad. A no creer en las segundas intenciones, a escuchar solo lo que hay, a demandar esas palabras mágicas para poder después mirarnos de frente sin recelos.
A las que nos incomoda una frase no aclarada, una mirada esquiva o el silencio, creo no nos cuesta pedir perdón. Lo malo es que hay semanas que tenemos que hacerlo varias veces.

 

Perdoname amor por las veces que hice un consumo exagerado de tu paciencia....pero eso soy... a veces ni yo me aguanto, pero te amo eso esta fuera de cualquier discusion el resto es accesorio y ahora me fui a dormir mua@@@@, te amo Sr.J....



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